Devoción Diaria

“Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.” Efesios 4:32

APRENDIENDO A PERDONAR  

Perdona a los demás como Cristo te perdonó a ti. Ese es un estándar bastante intimidante, especialmente cuando sabemos que la gente nos hará daño, tanto en lo grande como en lo pequeño. Entonces, ¿cómo exactamente perdonamos, especialmente cuando nos enfrentamos a acciones crueles e injustas?

En primer lugar, echemos un vistazo a lo que NO es el perdón:

1) El perdón NO es olvidar. Esta popular mentira dice algo así: “Si realmente has perdonado, entonces olvidarás que sucedió”. No es verdad. El perdón es ser capaz de recordar cómo has sido agraviado y elegir perdonar de todos modos.

2) El perdón NO equivale a la ingenuidad. En otras palabras, si un compañero de negocios te engaña, entonces como cristiano estás llamado a perdonarlo. Usted no está llamado a entrar en otro acuerdo de negocios con ellos. Lo mismo ocurre con las relaciones personales. Perdonar no significa continuar en relación con ese individuo. A veces es necesario establecer límites claros. Otras veces, es la distancia o alejarse de esa situación o individuo en particular. No confundas el perdón con la ingenuidad.

3) El perdón NO significa falta de consecuencias. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento enseñan claramente la importancia de adherirse a las autoridades terrenales del día ordenadas por Dios. Esto incluye a los padres, maestros, supervisores y todos los demás que administran la ley y el orden, impartiendo justicia de manera justa y objetiva. El punto es que la justicia y las consecuencias de nuestras acciones deben ser llevadas a cabo de manera justa y objetiva, no con ira y venganza. En última instancia, Dios tendrá el juicio final.

Perdonamos porque Jesús nos perdonó. Jesús entiende el dolor, la traición, la injusticia… Él experimentó todas estas cosas y más cuando voluntariamente pagó la pena por NUESTROS pecados a través de la muerte en la cruz. ¿Por qué pasaría por todo este sufrimiento? Porque Jesús quería que experimentáramos la libertad de SU perdón para que pudiéramos perdonar a otros.

Entonces, ¿a quién estás luchando por perdonar? Recuerda cómo has sido perdonado a través de Cristo y pide a Dios la fuerza para perdonar a los demás. Caminar por el camino del perdón no es fácil, pero ciertamente vale la pena.

 

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