Devoción Diaria

 “¿Acaso no saben ustedes que todos los que fuimos bautizados para unirnos con Cristo Jesús, en realidad fuimos bautizados para participar en su muerte?” Romanos 6:3

Bautismo—Tiempo de celebrar

Flores, damas de honor, vestido blanco. Todos hemos visto una ceremonia matrimonial. Algunas son grandes y formales, algunas son celebraciones con un grupo musical de cinco integrantes en edificios de iglesias tradicionales. Mientras que otras son ceremonias más pequeñas e íntimas celebradas en la playa con algunos de los amigos más cercanos y con miembros de la familia. Independientemente del “estilo”, todas las bodas tienen el mismo propósito—una pareja, mutuamente, comprometiendo sus vidas de una manera pública.

Yo nunca he oficiado una boda donde la pareja se enamorara durante la ceremonia. O, donde la pareja decidió, en la ceremonia, comprometer sus vidas mutuamente. La decisión ya fue hecha. Así es el bautismo, una expresión pública ante Dios y los hombres de lo que ya sucedió en el corazón y en la vida de una persona.

Sólo para estar claros. Una persona no es bautizada en Cristo Jesús cuando se bautiza en el agua. Eso se hace en el momento que uno decide confiar en Cristo, viniendo en arrepentimiento por fe, que recibimos un regalo—el Espíritu Santo, el Espíritu de Dios morando en nosotros. Ese bautismo ocurre en la salvación.

Entonces, ¿qué representa el bautismo? En el bautismo, nosotros estamos diciendo que Jesús murió por nuestros pecados y que nosotros también estamos muriendo a nuestra vida sin Cristo. Estamos dándole muerte a nuestros pecados, a nuestros deseos egocéntricos. En el bautismo, estamos testificando de lo que ya ocurrió—la decisión de confiar en Cristo, de seguirle.

Pero hay más. Al subir de las aguas, vemos que simboliza la resurrección de Jesucristo de entre los muertos. Eso representa la segunda parte de confiar en Cristo. Testificamos que cómo el agua me limpia de lo exterior, Cristo ya ha limpiado mi corazón. Él me ha hecho libre. Ahora, tengo el privilegio de seguir al Salvador resucitado por siempre.

Así como la ceremonia matrimonial es un momento que cambia la vida, llena de esperanza y celebración, también el bautismo tiene que ser celebrado. ¿Tú has celebrado públicamente la declaración transformadora de vida y sin regreso de lo que Cristo ha hecho por ti?

 

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