Devoción Diaria

“Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir.” Hebreos 11: 17-18

 

¿CUALES SON TUS ISAACS?

Imagina. Has sonado con tener un hijo. Todo lo que siempre has querido es ser padre, pero los años han pasado y nada ha ocurrido. Ningún doctor ni tratamiento te dieron resultado. Casi te has rendido hasta que un día descubres que vas a tener un hijo. ¿Puedes imaginar las emociones? Unos cuantos años ya han pasado y tu hijo ha crecido para convertirse en un niñito curioso con una gran personalidad. Te encanta admirar todo lo que el hace a medida que aprende y crece. Después de todo, él fue un milagro. Entonces un día, Dios te pide que renuncies a ese gran milagro. ¿Podrías hacerlo?

Abraham tuvo que enfrentarse a esta pregunta. Después de anos de espera, anhelos, perder la confianza e intentar resolver las cosas a su propio modo, Dios cumplió la promesa a Abraham y Sarah de darles un hijo. Isaac era su milagro. Una oración respondida, el prometido heredero de una gran nación. Y, ¿Era Isaac lo que Dios quería que Abraham sacrificara? Esto no tenía ningún sentido. Y, aun así, Abraham escogió confiar en Dios completamente. Como vemos, Dios nunca quiso que Abraham sacrificara a Isaac. Él quería simplemente probar el corazón de Abraham. ¿Confiaba Abraham realmente en Dios? ¿Era Dios mas importante para Abraham que su hijo?

Todos tenemos sueños por los cuales estamos dispuestos a hacer cualquier cosa para que se realicen. A veces, es un sueño que hemos estado persiguiendo desde que tuvimos por primera vez una guitarra en nuestras manos.  Para otros, es algo nuevo y fresco, una idea que hizo estallar una nueva aventura de negocios. Uno pone en ello horas extras, sudor y lágrimas; uno sacrifica el tiempo de sueño, dinero y el tiempo libre. Todos sonamos con algo. El problema, sin embargo, es cuando estos sueños comienzan a reemplazar a Dios en nuestras vidas. Cuando ese sueño acapara el primer lugar. Ese sueno se convierte en nuestro enfoque y nuestro Dios: nuestro Isaac.

El acto final de fe es dar a Dios lo que mas valoramos. Mira a tu vida, ¿estás dispuesto a poner al Señor antes que a tu hijo? ¿Antes que a tu esposo/a? ¿Antes que a tus padres, amigos, trabajo o ministerio? Eso que mas amamos, eso son nuestros sueños. Esos son nuestros Isaacs. Así que, ¿A que te estas aferrando tan fuertemente que no eres capaz de darlo a Dios? Empieza aquí y pide ayuda para entregar a Dios los Isaacs de tu vida. En cuanto a Dios, El ocupa el primer lugar en tu vida o ningún lugar en absoluto.

 

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