Devoción Diaria

“Ni subí (yo, Pablo) a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo; sino que fui a Arabia, y volví de nuevo a Damasco.… Después, pasados catorce años, subí otra vez a Jerusalén con Bernabé, llevando también conmigo a Tito...” Gálatas 1: 17 & 2:1

CUANDO DIOS DICE “ESPERA”

El apóstol Pablo experimentó una transformación radical en su vida.  Empeñado en destruir a los seguidores de Jesús, Pablo, que en ese momento se llamaba Saulo, se dirigía a Damasco, Siria, cuando Jesús interrumpió sus planes. Apareciendo en medio de una luz tan brillante que cegaba la vista, Jesús le preguntó a Pablo por qué lo perseguía. Era una pregunta extraña, siendo que Jesús estaba en el cielo, pero a lo que Jesús realmente se refería era a la persecución de sus seguidores y de la iglesia. Durante tres días, Pablo perdió la vista y luchó con todo lo que había conocido y creído hasta que Dios envió a Ananías, quien bautizaría a Pablo como un nuevo seguidor de Jesucristo.

Inmediatamente vemos a Pablo comenzar a testificar en Damasco sobre su increíble cambio de vida. Como autor de gran parte del Nuevo Testamento y uno de los misioneros más famosos que han existido, la mayoría de los cristianos asumen que después de Damasco, Pablo se convirtió rápidamente en el famoso maestro y líder de la iglesia del que leemos hoy. Pero este no fue el caso. De hecho, después de convertirse en un seguidor de Jesús, Pablo no sólo pasó tres años en el desierto y en áreas naturales y salvajes, sino que estuvo un total de 14 años en el anonimato, principalmente en su ciudad natal de Tarso.

¿Qué significa todo esto? Bien, como muchos líderes prominentes en la Biblia, Pablo pasó por un tiempo de espera, lucha e incertidumbre. Piensa en Moisés, Elías e incluso Jesús, quienes pasaron tiempo en el desierto y esperando antes de comenzar su llamado.

¿Estás pasando por una larga temporada de espera? Tal vez tu relación actual o tu carrera profesional parezca ser tu propio destino desértico y salvaje- siendo una temporada difícil y llena de incertidumbre.  Es fácil desanimarse y tener ganas de rendirse. Ánimo, no estás solo. Ninguno de los líderes influyentes de la iglesia de los que leemos hoy se volvieron influyentes de la noche a la mañana. Confíe en el tiempo y el plan de Dios, incluso cuando él le dice ‘espera’.

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