Devoción Diaria

“Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.” 1 Juan 2:1-2 

El AMOR ES SACRIFICIO

La escena se desarrolla en una sala de tribunales: el defendido se posiciona delante del juez, con la cabeza gacha y los hombros caídos. Él sabe que es culpable. El juez sabe que es culpable. Pero a su lado esta su abogado, su defensor, alegando en su favor.

Ok, cambiemos a los jugadores ahora. Pongamos que Dios es el Juez y tú y yo somos los defendidos. Nosotros sabemos que somos pecadores. No hay duda de que miramos por nuestros intereses a expensas de otros de vez en cuando y hemos sido orgullosos, deshonestos, hirientes…etc. La lista puede continuar sin final. Sabemos que somos culpables. Pero ahí esta Dios, el Juez. En su justicia perfecta, el pecado y la culpa no pueden quedar sin castigo, y la pena es la muerte. Pero justo a nuestro lado se encuentra Jesús, nuestro abogado defensor, quien reconoce delante del juez nuestra culpabilidad y nuestro merecimiento de juicio y muerte. Pero repentinamente el declara: “Yo me he hecho cargo de la culpa, su señoría, yo pague el castigo por ese pecado.” Y verdaderamente así lo hizo.

Este es el amor sacrificial ofrecido a ti y a mí. Cuando aceptamos el regalo de amor de Dios, la justicia perfecta y misericordia de Dios como una sola cosa, podemos presentarnos delante del juez sin culpa y perdonados. Es como si el Dios del universo, el gran juez, se bajara de su trono y nos ofreciera una túnica de justicia. No somos más los culpables defendidos que esperan su juicio, sino que gracias a Jesús la deuda ha sido pagada y el pecado perdonado.

¿Has recibido el amor sacrificial que se encuentra por fe en Jesús? No es suficiente con solo aparecer en la iglesia o decir que creemos en todas estas “cosas”, tenemos que aceptar este regalo de amor para que el amor de Dios comience a habitar en tu vida. Dios no te forzara a aceptarlo, él te ama demasiado para eso. Pero la oferta está ahí, en la mesa esperando a ser recibida. ¿La aceptaras? Es tu decisión. ¡Aceptala en fe hoy!

 

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