Devoción Diaria

“Porque os tomaré de las naciones (Israel), os recogeré de todas las tierras y os llevaré a vuestra propia tierra. Además, os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros; quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne”. Ezequiel 36:24 & 26

 

El Corazón del asunto

Según la Escuela de Medicina Johns Hopkins, el corazón humano promedio late alrededor de 115.000 veces al día. Eso suma más de 42 millones de veces al año, o más de 3 mil millones de veces en la vida. Es un músculo muy fenomenal.

La palabra de Dios habla mucho sobre el corazón humano. Pero a diferencia de un médico quien lo mira como músculo, la Biblia habla del corazón en un nivel emocional—la fuente de nuestros sentimientos, sueños y deseos. El corazón es el “corazón” (o esencia) de quienes somos como personas. Ahora, si una persona es “de buen corazón”, sabemos que eso significa tener un sentido de compasión, integridad y justicia. Una persona “de corazón duro” suele implicar una terquedad o una falta de voluntad para cambiar. Cuando la Biblia se refiere al pueblo de Israel como teniendo un “corazón de piedra“, está hablando de un corazón endurecido contra Dios. Es una mentalidad de hacer lo que yo quiero, sin importar lo que Dios dice al respecto. ¿Esto te suena familiar?

Cuando el profeta Ezequiel le habló a la nación de Israel, la nación se encontraba en un punto bajo emocionalmente. Ellos estaban esclavizados a la nación más poderosa de la época y su capital había sido completamente destruida. Fue ahí cuando Dios envió a Ezequiel con un mensaje de esperanza. Dios les recordó que a pesar de lo lejos que se habían alejado— Dios los había visto. Dios sentía compasión y Dios los restauraría. Dios no se había olvidado de ellos.

Talvez con el pasar de los años te has alejado de Dios. Talvez le has dado la espalda a Su camino en búsqueda de tu propio camino. Talvez te encuentras confrontando las consecuencias de malas decisiones y de errores que has cometido en el camino. O talvez has cometido muchas cosas buenas— pero eso no parece ser suficiente. No importa dónde te encuentres hoy, Dios te ve. Dios te ama. Dios quiere restaurarte. Él no te ha olvidado – y nunca lo hará.

 

 

 

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