Devoción Diaria

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”.

Juan 1:14

EL DON DE LA GRACIA

Gracia y Verdad. Es el Evangelio resumido en dos palabras. Imagina que te detiene un policía por exceso de velocidad. Sabes que ibas demasiado rápido, y tanto el policía como su radar tienen la PRUEBA. La verdad es que eres culpable, pero gracia es el policía que te deja ir sin tu ticket y él paga tu multa. Este es el Evangelio, sólo reemplace un par de cientos de dólares de multa con la eternidad separada de Dios. Es por eso por lo que Dios envió a Jesús, para exponer ante la VERDAD el enredo que el pecado teje en nuestras vidas, y para extender la gracia al pagar voluntariamente la pena por ese pecado a través de la muerte en la cruz.

El Verbo se hizo carne y Jesús, el Hijo de Dios, el Dios encarnado, vino a la tierra en forma de un bebé débil e indefenso. Este bebé, Rey de reyes y Señor de señores, no nació en el regazo del lujo. No, Él nació en la oscuridad de una cueva o refugio para los animales de la intemperie. Sin embargo, este bebé se convertiría en un maestro, sanador y, en última instancia, en el Salvador de la humanidad al ir a la cruz como un hombre inocente, para ofrecernos el perdón y la victoria sobre el pecado.

Demasiado a menudo los “cristianos” van de un extremo al otro: Todo gracia, pero ninguna verdad, o toda verdad, pero ninguna gracia. Jesús demostró el equilibrio perfecto entre estos dos factores. Gracia y Verdad. Este es el Evangelio. Este es Jesús. Y esta es la razón por la que celebramos la Navidad. ¿Cómo compartirás el regalo de la gracia con otros en esta temporada navideña?

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