Devoción Diaria

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.” – 2 Corintios 1:3-4 

EL PRECIO DE LA COMODIDAD

Todos queremos perseguir una vida cómoda. Ninguno de nosotros queremos preocuparnos por llegar a fin de mes, queremos tener suficiente comida, ropa y comodidades para disfrutar la vida, o al menos vivirla cómodamente. Y no hay nada intrínsecamente malo en buscar la seguridad, tranquilidad financiera o el bienestar. Así que, cuando leemos sobre el “Dios de todas las misericordias,” es fácil para nosotros traducir y entender esa frase como el “Dios de mis comodidades.” Empezamos a pensar que Dios debe de hacer todo para que resulte en que vivamos vidas fáciles, seguras y sin peligro alguno.

El problema, sin embargo, comienza cuando nos enfocamos más en perseguir una vida que sea cómoda, predecible y “segura”, en lugar de una vida que persiga la voluntad de Dios. Cuando eso es así rápidamente empezamos a perder de vista la belleza de Dios y nos enfocamos en nosotros mismos.

¿Qué piensas sobre esto? Veamos juntos dos problemas que se levantan cuando buscamos por encima de todo nuestro propio bien desplazando la voluntad de Dios:

  1. 1. La comparación: ¿Cómo es una vida segura y cómoda? Bueno, depende dónde se mire. El salario que se gane puede proporcionar tranquilidad a uno pero al mismo tiempo puede ser insuficiente para otro. Cuanto más intentemos medir nuestro nivel de bienestar y satisfacción con respecto a los demás, más descubriremos que siempre hay alguien con un mayor “fondo de emergencia” en su ahorro, o que tenga mayor seguridad en el trabajo – viviendo una vida más “cómoda.” La comparación nos robará la alegría y el gozo de nuestras bendiciones y provisiones de parte de Dios.
  2. Plan de Dios vs mi plan: Dios no llamó a los cristianos a una vida de seguridad y comodidad, sino a una vida de fe, sacrificio y riesgo. Para que seamos una bendición a otros, amándoles y sirviéndoles y para que esto sea as’i es necesario un paso de fe, pasos de sacrificio. Este sacrificio a veces es tu tiempo, tu dinero, o tu comodidad. Sin fe es imposible agradar a Dios, y los pasos que nos pide Dios nos obligan a o todos a salir de nuestra zona de confort, nos obliga a salir de nuestro plan y seguir el de Dios.

Dios no nos prometió una vida segura y fácil, pero sí nos prometió una vida de gozo que perdura mas allá de las circunstancias presentes – si elegimos darle el control a Dios y decidimos creerle a El.

Puede que no siempre sepamos a dónde vamos o qué hay a la vuelta de la esquina para nuestras vidas, pero podemos confiar en que no estamos solos en el viaje, y que el Dios de toda misericordia (comodidad) se ocupará de todos los detalles. Sabemos que la vida es impredecible para nosotros, pero no para Dios. Nada le sorprende y esto nos reconforta bastante. ¿no lo hace contigo? Recuerda sus promesas. Son vida. Están vigentes. Hay un Dios.

 

Devocional adaptado de un sermón del Pastor, George Wright, Iglesia Bautista de Shandon, SC.

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