Devoción Diaria

“Pero el que aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos.”  1 Juan 2:11

 

EL PROBLEMA DEL ORGULLO

Hay un juego que se llama “¿Adivina Quién?” Cada jugador intenta adivinar qué persona (1 de las 20 personas posibles) tiene el otro jugador. Puedes preguntar acerca de su estilo en el pelo, etnicidad, etc. A mi hijo de tres años le encanta este juego. A veces el pregunta si yo tengo gafas o pendientes.

Hoy en día vemos que en cada país del mundo existe tensión relacionado con la diversidad de las etnicidades de las personas por todo lugar. Y se crean todo tipo de argumentos e incluso leyes para anticipar lo que pueden de situaciones complicadas mirando unicamente la procedencia de la gente, prestando atención en la etnicidad de una persona. No es malo mirar la etnicidad pero cuando mezclas nuestros pecado con estas situaciones entonces puede llegar a ser un problema.

El racismo es prejuicio o discriminación directa dirigida hacia una persona de otra etnia basado en la creencia que a lo que tu perteneces es superior que otros. En otras palabras, el racismo tiene su raíz en el orgullo.  El orgullo fue el primer pecado. Observad Adán y Eva. Por pensar que sabían más que Dios, cayeron. Esto fue lo mismo con Satanás. Pensó que era superior a Dios y cayó. El orgullo es el mayor pecado de los seres humanos.

El peligro del pecado es lo fácil que entra en nuestras vidas y nos lleva al odio, prejuicio y el racismo. La Biblia dice en el libro de Romanos que todos hemos pecado; es decir, todos hemos fracasado. A consecuencia, todos tenemos prejuicios. Para algunos estos prejuicios son poca cosa, quizás prejuicios de equipos de béisbol o fútbol. Para otros, estos prejuicios son más graves: quizás una creencia negativa o creencia acerca de otras personas o etnicidades.

Entonces ¿cómo debemos responder? Es tan fácil mirar el racismo de otros. Pero el primer paso es pedirle a Dios que identifique el orgullo o el prejuicio en nuestros propios corazones. Antes de mirar el racismo de otras personas, nosotros debemos mirar lo que está dentro de nosotros. Confiesa lo que Él te indica. Pídele a Dios que purifique tu corazón de todo orgullo y prejuicio.

 

Adaptado del sermón de Steven Bonham; Pastor de enseñanza de JFBC

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