Devoción Diaria

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba sin orden y vacía, y las tinieblas cubrían la superficie del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas. Entonces dijo Dios: Sea la luz. Y hubo luz”.  Génesis 1:1-3

 

En el principio … Dios

Mira las estrellas. Trata de contarlas. Es imposible, ¿verdad? Los científicos creen que el universo está compuesto por 27 millones de partes, CADA parte teniendo por lo menos una galaxia. ¿Cuál es el número de estrellas? Ese número sobrepasa los 300 sixtillones (eso es 300 seguido por 23 ceros). ¿Te puedes imaginar lo vasto e inmenso que es el universo? Muy posible que no lo puedes imaginar. De la misma manera, entender la grandeza de Dios es igualmente desafiante. Incluso así, para comenzar a entender el cuadro completo de Dios (el cuadro verdadero de Dios) necesitamos mirar a este Dios único en tres personas. ¡El Dios que estuvo en el principio de todo!

En el principio […] Dios”. Esas cuatro palabras nos introducen a Dios. No hay otra cuatro palabras que sean más importantes que esas. El Dios que no tiene comienzo, el Dios quien fue, quien es y quien será. Ese concepto se hace difícil de entender. Después de todo, nuestro mundo gira alrededor de comienzos y finales (de cosas que comienzan y terminan).

El primer libro de la Biblia (Génesis) trata con comienzos—las cosas siendo creadas, cosas comenzando. El comienzo de Israel, el pueblo judío, el nuevo comienzo después del diluvio y el comienzo de la humanidad. Incluso así, antes de todo eso, ya Dios estaba.

Después Dios creó. Se describe a Dios “en el principio” como un Dios—en tres personas. También podemos ver todas las tres personas en acción. La tierra estaba sin orden y vacía (caótica). Imaginemos a un artista en las primeras etapas de una pintura o cuadro. El artista mira la pintura final, pero para los ojos inexpertos, eso es simplemente un desastre. Leemos que el Espíritu de Dios, el artista original, estaba en medio de ese “caos”. Así como el viento, no podemos ver al Espíritu Santo, pero sí podemos sentirlo.

Después tenemos a Jesús. “Entonces, dijo Dios: Sea la luz”. Miremos las palabras:  “Entonces”, “dijo’ y “Dios”. La Palabra de Dios, Jesús, crea. A Jesús se le llamó tanto la Palabra [Verbo] de Dios (Juan 1:1-3) como la Luz del mundo (Juan 8:12).

Jesús siempre fue, siempre es y siempre será. El Espíritu Santo siempre fue, siempre es y siempre será. Dios el Padre siempre fue, siempre es y siempre será. Dios siempre es, pero todas las demás cosas comienzan. La grandeza de Dios […] perturba la mente.

 

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