Devoción Diaria

"Y por esto mismo trabajamos y sufrimos oprobios, porque hemos puesto nuestra esperanza en el Dios vivo, que es el Salvador de todos los hombres, y mayormente de los que creen." - 1 Timoteo 4:10

Después del Divorcio…

A menudo las personas que atraviesan un divorcio lo hacen desesperanzadas. Algunos acuden a pedir ayuda a consejeros, profesionales e incluso acuden a consejería pastoral en la iglesia evangélica pero se sienten rechazados. No les hacen sentirse bienvenidos, más bien sienten rechazo cuando buscan este tipo de ayuda. En algunos casos esto es solo una percepción y en otros casos es una triste realidad. Se dice tragicamente, que “el ejercito cristiano es el único que a veces dispara a sus propios heridos.”

La Escrituras (Palabra de Dios) comunican que Dios odia el divorcio y no desea que esto sea una salida para sus hijos, y lo permite por la dureza del corazón del hombre y la mujer que no es capaz de perdonar e ir tras la reconciliación. Aún con todo, Dios ama a quienes se hayan divorciado por cualquier motivo. Dios odia el divorcio pero ama y sigue estableciendo puentes para que el dolor, y sufrimiento de ambas partes, y también que los niños si los hubiera no se encuentren desamparados y abandonados. Míralo así, el divorcio es el resultado del pecado en la vida del matrimonio, y ocurre porque no se aplica el perdón y la redención que Dios ofrece en cada ocasión.

El divorcio en el matrimonio no está incluido en el plan de Dios, a pesar de que esto ocurre, la biblia nos enseña que Dios perdona. Y no solo esto, sino que Él conoce con todo lujo de detalles nuestras debilidades. Ahora bien, cuando conocemos a Cristo, y confesamos nuestros pecados a Él, entonces comenzamos a comprender y experimentar su gran misericordia, y el amor tal que tiene al pecador, a las personas que no damos en el blanco sino que erramos. Tu puedes encontrar verdaderamente la sanidad espiritual por medio del Señor Jesucristo aún en medio de esta difícil situación. Después del divorcio…también nos encontramos con el perdón de Jesús y su dirección.

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