Devoción Diaria

“Por la fe, Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber adónde iba”.  Hebreos 11:8

¿Estás dispuesto a ir?

En junio del 1803, el presidente estadounidense Thomas Jefferson escribió la fascinante carta al capitán Meriwether Lewis, quien servía como su secretario personal. Quiero enfocarme en un párrafo que realmente capta lo que él estaba llamando a Meriwether Lewis a hacer. Él dijo, “El objetivo de tu misión es explorar el río Misuri, y aquellos de sus principales afluentes que puedan llegar a comunicarse con las aguas del océano Pacífico, sea el Columbia, Oregón, Colorado o cualquier otro río que pueda ofrecer la comunicación fluvial más directa y factible a través de este continente con el propósito de [practicar el] comercio”.

¿Por qué era esto tan importante para Jefferson? Él acaba de comprar para Estados Unidos lo que se conoce como la Compra de Louisiana. Contaba con la compra de 15 estados completos y parciales del Medio Oeste y del Oeste. Esta es una gran cantidad de tierra y él solamente pago el precio de $15 millones de dólares. Historias como la de los pioneros Lewis y Clark me han fascinado toda mi vida. Ellos tenían un espíritu que todavía son apelantes a muchos de los estadounidenses.

Pues bien, Abraham, a quien Dios había dicho que sería el padre de muchas naciones. Él es el ejemplo supremo del espíritu pionero. Dios llamó y, por fe, Abraham salió sin saber adónde iba, muy parecido a Lewis y Clark. Ellos fueron llamados por un Presidente. Abraham fue llamado por Dios. Pero para ambos casos, se tomó de mucha fe aventurar, sin tener idea hacia donde iban—no tenían idea de los retos que enfrentarían.

Miremos a través de lentes más contemporáneos: Juan trabaja para una compañía multi-nacional. Un día, de la nada, su supervisor viene a él y le dice, “Juan, te vamos a mandar a un nuevo lugar”. Él dice, ¿hacia dónde? El supervisor responde, “bueno, no puedo decirte. Pero quiero que vendas tu casa. Toma a tu esposa y a tu familia y vete para el sureste. Mantén tu teléfono móvil encendido porque cuando llegues a donde está supuesto a ir, te dejaremos saber”. Estoy seguro que estarían todos preocupados con esta llamada. Incluso así, él confió en su supervisor y se fue a la casa a decirle a su esposa. Imagínese ese escenario: “mi amor, nos han trasladado”. “¿para dónde vamos?” ella pregunta. Juan vacila y dice, “Bueno, no sé. Ellos me dicen que nos vayamos al suroeste y me van a dejar saber cuándo lleguemos allá”. ¡No sé de ti, pero me imagino que eso sería muy difícil!

Lo que necesitamos absorber de esta historia es que Abraham confió en Dios y estaba dispuesto a obedecer. Él probó su fe a través de la obediencia. Él estaba dispuesto a ir. Ahora bien, eso no pudiera parecer algo significativo para ti, pero es de extrema importancia para Dios, ya que es en nuestra disponibilidad de confiar y obedecer que Dios puede hacer cosas poderosas en nosotros y por medio de nuestras vidas. ¿Estarás dispuesto a ir dondequiera que Dios te dirija? Si lo estás, serás un verdadero pionero en el viaje de la fe. ¡Será una gran aventura!

Imprimirse