Devoción Diaria

“He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí.” Gálatas 2: 20

La carga de un creyente

¿Alguna vez has estado frustrado—contigo mismo? Independientemente de lo fuerte que intentes, simplemente no consigues hacerlo correctamente. Tú tratas de ser paciente con tu compañero de trabajo, pero su actitud y su personalidad te molesta. ¿Qué hay de tu esposa? Ella sabe exactamente qué decir para hacerte enojar. ¿Qué hay de esa adicción que tienes? Cada domingo tú decides dejar esa adicción, sólo para sucumbir el siguiente martes.

Incluso los seguidores de Jesús tienen dificultad con el pecado. Talvez el cristiano más grandioso del primer siglo, el apóstol Pablo, el mismo hombre que fue inspirado por el Espíritu Santo para escribir una gran parte del Nuevo Testamento, también tuvo problema con el pecado.

Entonces, ¿qué podemos hacer? La Biblia habla sobre la observación de la Cena del Señor con otros creyentes como una renovación de nuestra fe. Ese es un tiempo de gratitud cuando reflexionamos sobre la crucifixión de Cristo. Nos recordamos del precio que Jesús tuvo que pagar para que podamos ser perdonados, del juicio que merecemos por nuestros pecados.

Observar de una forma regular la Cena del Señor con otros creyentes es una oportunidad de renovar nuestra fe. Es ahí donde un cristiano (sucio por el pecado y viviendo esta vida) se recuerda de lo que Cristo ha hecho para pagar el castigo de todas las personas que pecan. Por gratitud, nosotros renovamos nuestros votos de compromiso con él. Todos tenemos cargas. No hay ninguna persona viva que tenga todo solucionado. Todos luchamos con nuestros pecados. En la Cena del Señor, se nos trae de regreso al increíble amor de Jesús. Se nos trae de regreso al hecho de que Cristo pagó el supremo precio de morir por nosotros en la cruz. Cuando nos recordamos de eso, la Cena del Señor sirve como una renovación de nuestra fe—no de tratar más fuerte, sino de un compromiso renovado de seguir a Jesús en gratitud por Su gracia y amor por nosotros. Deja de arrastrar tu carga—déjala a los pies de la cruz.

 

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