Devoción Diaria

“No se turbe vuestro corazón; creed en Dios, creed también en mí.  En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, os lo hubiera dicho; porque voy a preparar un lugar para vosotros”.  Juan 14:1-2

 

La Casa de mi Padre

Mi mamá ya ha estado en el cielo desde el 2014. No es de sorprenderme que muchas veces mientras hablo con mi papá, el tema gira alrededor de la eternidad. “Me pregunto cómo será“, dice él en voz alta. A pesar de que ha sido seguidor de Cristo desde hace mucho tiempo, este tema plantea varias preguntas. Todavía puede parecer un misterio. Después de todo, ¿cómo puede el lenguaje humano finito describir posiblemente lo indescriptible? ¿Cómo podemos entender la eternidad?

Jesús lo explica de esta manera: el cielo es como un hogar con muchas moradas, o muchas habitaciones. Si eres seguidor de Jesús, habrá una habitación para ti. Aquí vemos una imagen de Jesús convirtiéndose en el servidor supremo—preparando nuestro lugar en el cielo, preparando nuestro hogar. Jesús está diciendo que el cielo es como un hogar. Es el supremo hogar: libre de estrés, de drama relacional y de listas interminables de que hacer. Nuestra casa celestial será de descanso y de paz, preparada personalmente para los que confían en Él.

Lo más importante es que el cielo será todo sobre nuestro Padre celestial, explica Jesús. Este es un Padre que nos ofrece seguridad. Un Padre con el que podemos contar. Muchas personas no han tenido una buena relación con su padre biológico. Algunas nunca lo han conocido. Algunas pudieron haberle tenido mucho miedo, mientras que otras pudieron haber sentido que su amor nunca le agradó. El tipo de Padre que Jesús está describiendo podría ser difícil de imaginar, pero el cielo va a ser como el hogar perfecto con el Padre perfecto. En el cielo, por fin, experimentaremos el mundo de la manera que Dios tenía en mente—libre de rotura, de dolor y decepción, con un Padre que es fuerte, amoroso, justo, confiable y amable.

Si has sido herido o decepcionado por la gente o por las circunstancias de la vida, mira a Jesús. Si tu padre terrenal te ha fallado o decepcionado, mira a Jesús. ¡Porque para los que confían en Él, lo mejor está por venir!

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