Devoción Diaria

“Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasara de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.  Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote hijo de Simón que lo entregara, sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios y a Dios iba, se levantó de la cena, se quitó su manto y, tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en una vasija y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secarlos con la toalla con que estaba ceñido.” Juan 13:1-5

La Grandeza en el Servicio

Cuando el mundo piensa de la “grandeza”, se tiende a pensar en aquellas personas que tienen un talento extraordinario, combinado con el impulso increíble hacia el éxito, que los lleva a experimentar un extraordinario logro y éxito. Pero la Palabra de Dios es muy clara de que Dios evalúa la grandeza desde una perspectiva muy diferente. Y esa perspectiva, en la cual Dios evalúa grandeza, se reduce a una sola palabra y esa palabra es “servicio”. El servicio en el reino (el mundo) y el servicio en el cuerpo de Cristo es de la manera que se ejemplifica lo que es la grandeza  en el reino de Dios.

Era la Pascua. Jesús se había reunido con Sus discípulos, los hombres con los que Él quería estar, los hombres a los que Él había derramado Su vida a lo largo de los últimos tres años. Sin embargo, Jesús estaba muy agobiado, ya que Él sabía lo que venía – Su muerte en la cruz. En medio de la cena, Jesús se levantó de la mesa, se quitó Su manto, tomó una toalla y se la amarró como lo habría hecho un esclavo y luego tomó una vasija con agua y comenzó a lavar los pies de los discípulos. ¡Ahora bien, esto no era sólo el trabajo de un esclavo cualquiera sino que era el trabajo de un esclavo gentil! Los discípulos estaban aturdidos, no sabían cómo responder.

Pedro discutió con Él, le dijo “¡no me lavarás los pies jamás!”.  ¿Cómo podría él dejar que su Señor le lavara los pies? Sin embargo, Jesús le respondió: “Si no te lavo los pies, no tendrás parte conmigo.” Eso es algo duro. Algo fuerte. No discutir sobre ello. Mucho más se habló en esa habitación, pero este incidente en particular es para mostrarnos la importancia de tener el corazón de un siervo, ya que aquí, Jesús, el Salvador del mundo, de toda la humanidad, que reinará eternamente y para siempre a la diestra de Dios Padre, se rebaja al nivel de un siervo y lava los pies sucios, mugrientos de Sus amados discípulos. En realidad, Jesús es el ÚNICO hombre con una importancia en este universo tan poderosa que fácilmente podría haber evitado este gesto de amor, pero no lo hizo. Ahora dime ¿Qué pasa contigo? ¿Tienes un corazón de siervo? ¿Cómo te está yendo en lo que trata con este ejemplo de Jesús?

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