Devoción Diaria

“Yo te ungí por rey sobre Israel, y te libré de la mano de Saúl, y te di la casa de tu señor, y las mujeres de tu señor en tu seno; además te di la casa de Israel y de Judá; y si esto fuera poco, te habría añadido mucho más. ¿Por qué, pues, tuviste en poco la palabra de Jehová, haciendo lo malo delante de sus ojos? A Urías heteo heriste a espada, y tomaste por mujer a su mujer, y a él lo mataste con la espada de los hijos de Amón.” 2 Samuel 12: 7b-9

 

LA TAPADERA

El rey David estaba aburrido. Su ejército estaba en la batalla, pero David se había quedado en su casa. Debería haber guiado a sus hombres yendo el al frente, pero en su lugar, mientras se aburría empezó a desear a la esposa de otro hombre. Sí, este es el mismo David al que se describe como “un hombre según el corazón de Dios” (Hechos 13:22). David sabía que Betsabé estaba casada. Su esposo, Urías, no sólo estaba ocupado luchando en el frente, sino que era uno de los mejores soldados de David. Este conocimiento, sin embargo, no pudo detener la insensatez cometida en el encuentro sexual de una noche que resultó en embarazo. ¿Qué podía hacer David?

Como la mayoría de la gente que mete la pata, David trató de ocultarlo. Una acción equivocada conduce a otra; no a arreglar el “problema”, sino a empeorarlo. Al final, David hizo matar a Urías para encubrir su pecado. Un pecado empeorado por otro.

¿Qué podemos aprender de la historia de David? La primera lección es sobre los peligros de la ociosidad y el aburrimiento.  Piense en los adolescentes que tienen problemas con la pornografía, las drogas y la bebida.  A menudo esta curiosidad surge por el aburrimiento. ¿Qué hay de la “crisis de la mediana edad”? ¿Cuántas aventuras comienzan por una curiosidad ociosa cuando la vida se vuelve un poco monótona?

Pero la lección más importante en la historia de David se encuentra en su respuesta. Cuando David finalmente dejó de intentar encubrir su pecado, lo confesó a Dios. Tan pronto como David fue confrontado con su pecado y admitió su culpa, Dios inmediatamente lo perdonó. A través de la falta de juicio de David, que dio lugar a su mayor pecado, vemos a Dios demostrando una gracia increíble. Dios no quitó las consecuencias de su pecado. David tuvo que vivir con eso. Pero el perdón de Dios fue instantáneo.

Todos la hemos fastidiado alguna vez. Todos nos arrepentimos, y la misma gracia que Dios ofreció a David está disponible para ti y para mí. No importa cuán grande es nuestro remordimiento, nuestro pecado, que la gracia de Dios está esperando. ¿Estás listo para ser liberado de la culpa de tu pasado?

Deja de huir de tu culpa y corre hacia Dios.  Con un corazón arrepentido como el de David, tú también puedes experimentar el perdón incondicional de Dios hoy. Las consecuencias de nuestras acciones permanecerán, pero Dios nos hará justos con Él.

 

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