Devoción Diaria

“Luego se fue Daniel a su casa e hizo saber lo que había a Ananías, Misael y Azarías, sus compañeros, para que pidiesen misericordias del Dios del cielo sobre este misterio, a fin de que Daniel y sus compañeros no pereciesen con los otros sabios de Babilonia.”

Daniel 2:17-18 

 

ORANDO CON URGENCIA

Era una tarea imposible. Las vidas de Daniel y de todos los consejeros del rey Nabucodonosor estaban en juego gracias a un sueño misterioso. El rey había exigido no sólo una interpretación de su sueño perturbador, sino también la descripción del sueño en sí. Esto fue la primera vez que pedía algo de este tipo. Los sabios que rodeaban al rey estaban familiarizados con la interpretación de los sueños, pero ¿Cómo se suponía que explicarían el sueño sin oírlo primero?

El rey frustrado ordenó que todos sus consejeros fueran ejecutados por su incapacidad de adivinar su sueño. Entonces Daniel, un adolescente que estaba siendo entrenado en esta cultura babilónica extranjera, escuchó del decreto. Mientras los otros consejeros entraban en pánico, Daniel se acercó al rey con audacia y fe para pedirle un poco más de tiempo. Luego se dirigió a sus tres amigos más cercanos y les pidió que oraran. Daniel confiaba en que Dios podría revelar el sueño del rey – pero ¿Elegiría Dios hacerlo? Daniel sabía que sin una respuesta milagrosa a esta oración, todos morirían.

Después de una velada de oración durante toda la noche, Dios respondió y reveló el sueño del rey a Daniel. ¿Te imaginas el alivio? Daniel y todos los consejeros del rey fueron salvados. Sin embargo, lo que sucedió después vemos el verdadero corazón de Daniel. Antes de volver corriendo hacia el rey con la respuesta, se detuvo a orar y dar gracias a Dios por responder a su oración.

¿Cuántas veces hemos orado desesperadamente para que Dios se mueva y cuando lo hace, inmediatamente nos olvidamos de darle las gracias? Pasamos tan rápidamente al siguiente problema sin el más mínimo reconocimiento del milagro que Dios acaba de realizar. Daniel no sólo agradeció a Dios por la respuesta, sino que le dio todo el crédito. La próxima vez que Dios en toda su soberanía y gracia responda a tu oración desesperada, recuerda darle las gracias – tal como hizo Daniel.

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