Devoción Diaria

¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido. Lucas 15:4-6

PERDIDOS Y ENCONTRADOS

Recuerdo el año en que mi tía y mi tío llevaron a sus cuatro hijos a Nueva York de vacaciones. Un día, al salir del metro, se dieron la vuelta y encontraron a su hijo menor mirando con los ojos abiertos desde dentro de las puertas cerradas del tren. Mi tío corrió frenéticamente junto al vagon del metro, golpeando las puertas al este despegar. Tres de sus cuatro hijos estaban bien, pero fue ese niño potencialmente perdido el que inmediatamente consumió toda su atención.

Jesús está siempre preocupado por ese individuo perdido. No significa que ame menos a los demás, sino que se esfuerza por buscar a los perdidos, a los quebrantados y a los marginados. En Lucas 5:30-32, los fariseos le preguntaron a Jesus sin rodeos por qué pasaba tanto tiempo con aquellos a quienes veían como “pecadores”. Jesús simplemente respondio: “No son los sanos los que necesitan un médico, sino los enfermos”. Para enfatizar Su punto, Él dijo una parábola.

Cuando un pastor se da cuenta de que falta una sola oveja, deja atrás el resto del rebaño para buscar la que se ha perdido. Una vez encontrado, ese pastor convoca a todos sus vecinos para celebrar el regreso de esa oveja perdida y solitaria. Muchas veces en las Escrituras, a Jesús se le conoce como el Buen Pastor y a sus seguidores como ovejas. La analogía es que como cualquier buen pastor, Jesús ama, cuida y protege a TODAS Sus ovejas; pero está especialmente agobiado por las ovejas que faltan. Y cuando se encuentra una sola de esas ovejas perdidas, todo el cielo se regocija (Lucas 15:7).

¿Te has alejado de Dios? Probablemente tienes muchas razones para mantenerte alejado, pero el corazón de Jesús está a tu favor, no en tu contra. Como un padre que ha perdido un hijo, Jesús está consumido por el pensamiento en ti. Él no se dará por vencido contigo; no dejará de perseguirte, no importa cuán lejos te hayas alejado.  ¿Mirarás a Él hoy? No te decepcionarás.

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