Devoción Diaria

“Un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas…” – Salmo 42:7

¿QUÉ ES ESE GRITO PROFUNDO DE TU CORAZÓN? 

El sonido de una cascada en un hermoso entorno montañoso o el irregular y rítmico rompimiento de las olas en una playa oceánica es absolutamente fascinante para mí. Hay algo en esos sonidos de la naturaleza que renuevan mi alma. Estoy seguro de que te puedes identificar con estos momentos difíciles de expresar cuando captan nuestra atención en un momento de soledad e introspección.

El Espíritu Santo de Dios es así. Al ser creados a imagen de Dios, hay un anhelo natural por Dios. Es como un agujero en nuestro corazón y mente que sólo Él puede llenar. Él nos atrae constantemente hacia Él… para que tengamos esa relación personal con Él… para que tengamos comunión con Él… y para que disfrutemos de una paz que originalmente estaba destinada para nosotros. Estos son momentos en los que ocurren las “llamadas profundas a lo profundo” dentro de nosotros mismos; una llamada que es difícil de expresar, pero que sabes que está ahí. El Espíritu Santo nos ayuda, como dice Romanos 8:26, “no sabemos cómo orar como debiéramos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles”.

¿No es eso lo que Dios mismo hace? Sabe lo que necesitamos. Él sabe que lo necesitamos. Él nos ha creado de esa manera. Sin embargo, Él nos da la libertad y la voluntad de escogerlo a Él y de reconocer nuestra pecaminosidad en una fe de arrepentimiento y en la confianza de QUIÉN es Él. El Espíritu Santo quiere que confiemos en Jesús a través de Su convicción y poder. Son esos momentos en los que su profundidad responde plenamente al deseo inexpresable de nuestro corazón.

Y Jesús está ahí cuando gritamos. La última parte de ese salmo dice: ” Pero de día mandará Jehová su misericordia,Y de noche su cántico estará conmigo, Y mi oración al Dios de mi vida”. Dios como tres personas en una, nos muestra la riqueza y santidad de su persona.

La próxima vez que encuentres el sonido de una cascada, una ola, o incluso de una lluvia suave, debes saber que el Señor te está mandando Su misericordia. Acéptalo con la seguridad de que Dios escucha tu grito “profundo” del corazón.

 

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