Devoción Diaria

"Bien harán ustedes en cumplir la ley suprema de la Escritura: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo."  - Santiago 2:8

¿Eres Suficientemente Bueno?

El mejor entrenador de baloncesto que tuve fue una persona que pensaba que nunca le podría satisfacer completamente. Este entrenador era muy exigente. Fue la persona que más me enseñó sobre baloncesto, pero siempre me hacía sentir que no daba la talla y no era suficientemente bueno. Quizás mientras lees esto recuerdas un entrenador o persona que te hacía esforzarte más, te motivaba para lograrlo pero que al mismo tiempo después del esfuerzo te hacía sentir que no eras lo suficientemente bueno.

Esa persona podría ser tu jefe en este momento de tu vida, el encargado o un compañero de trabajo. Te hacen sentir que no importa lo que hagas, no importa el trabajo duro que le pongas, aún sigues preguntándote: “¿Soy suficientemente bueno?”

Lo cierto es que cada uno de nosotros en un momento de nuestras vidas nos hemos preguntado eso, y lo pensamos así hacia Dios. Algunos tienen la esperanza que un día se pondrá en balanza todo lo bueno y malo que hemos hecho, y que lo bueno obtendrá más peso. La religión ha hecho creer que Dios utilizará un sistema que pesará las buenas y malas obras, y que de acuerdo a ese resultado entonces determinará la eternidad. Y entonces muchos de nosotros nos estamos preguntando: Dios, ¿Soy suficientemente bueno?.

Si estás con la disposición de cumplir la ley suprema de Dios que leemos en Santiago 2:8, haces una cosa buena. Pero aún así tenemos que preguntarnos ¿Soy suficientemente bueno? ¿Eres perfectamente bueno? Ahí esta la clave.

Debemos cumplir la ley suprema de Dios, ¿A qué se refiere la ley suprema? Lo primero hace referencia a reconocer que sólo por medio de la fe en Jesucristo obtendremos paz con Dios, estaremos reconciliados y en relación para siempre con Él. Y esta ley también nos empuja a tener relaciones con otras personas tal como Dios desea. Esta ley la comentó Jesucristo cuando resumió las leyes diciendo que el gran mandamiento es que “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente y a tu prójimo como a ti mismo.”

Todos necesitamos confiar en Jesucristo para que Dios nos vea perfectamente justos al estar identificados con la vida y obra de Jesucristo. De otra forma nunca daremos la talla. Y porque obtenemos este regalo, la salvación de la condenación eterna, entonces Dios nos pide que amemos a otros con este amor que nos ha sido dado.

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