Devoción Diaria

Yo sé, oh Señor, que no depende del hombre su camino, ni de quien anda el dirigir sus pasos. Jeremías 10:23

¿Quién está en tu timón?

Imaginemos a un hombre (llamémosle José) conduciendo su auto en la carretera—sin ningún problema—y por el momento, se siente muy bien con su vida en general. José simplemente está conduciendo despreocupadamente observando el panorama, pasándole a los otros autos y viendo algunos autos pasándole. ¡Sin ningún problema! ¿Cierto?

Pues, lo que no sabes es que José es un mal conductor. Él ya ha tenido varios accidentes, ha chocado objetos en la carretera, ha golpeado de refilón a otros autos, ha recibido varias multas por exceso de velocidad, no ve bien hacia dónde va y, como resultado de todo eso, su auto terminó en una cuneta. Por eso si tú vieras el exterior de su auto, pudieras ver que está hecho chatarra.

Ahora bien, para contar bien la historia, imaginemos que José no solamente está conduciendo su auto en la carretera—eso sólo era una analogía, sino que realmente está conduciendo en la carretera de la vida. ¿Tienes la imagen en tu mente? Es el mismo escenario, la vida es muy buena para él. Seguramente tiene problemas aquí y allí, algún estrés financiero, algunos problemas con su empleo y con su familia—bien, esa es una historia en sí misma. En cuanto a su auto, si tú realmente pudieras ver la vida de José, observarías que es un desastre. El asunto es que José es un desastre total. Él incluso asiste a la iglesia y sabe que Dios es la verdadera respuesta para los problemas de su vida.

De repente, José llega a un semáforo. (No se me pierda, permanezca conmigo en la historia). Cuando él mira hacia arriba, Jesús está parado ahí, justamente al lado de su auto. José está pensando: “si yo pudiera hacer entrar a Jesús en mi auto, todo se solucionaría”. Así que Jesús se acerca al auto y José le pregunta: “¿Podrías entrar en mi auto y en mi vida, Jesús?” Jesús le dice: “por supuesto, pues yo te amo. Me encantaría entrar en tu auto y ayudarte, pero hay un pequeño problema. Tú estás ocupando mi asiento”. José responde: “bueno, ¿por qué tú no conduces entonces?” Jesús responde: “me encantaría conducir, pero para que eso suceda, tú tienes que soltar el timón y moverte del asiento del conductor”.

Aquí te voy a presentar lo quiero que entiendas de esta historia. Jesús te ama y quiere entrar a tu vida, pero Él se va a sentar en un solo asiento. Él no va a ser el con-piloto, el co-navegador ni se sentará en el asiento de atrás. El único asiento que Él ocupará mientras tú manejes en la carretera de la vida es el asiento del conductor.

¡Créelo, practícalo y será la mejor decisión que habrás hecho en tu vida!

 

Tomado de un mensaje predicado por George Wright, Pastor de Cedarcrest Church

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