Devoción Diaria

"Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia;
Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.  Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado"

Salmo 51:1-2

SALVACIÓN: RECONOCER NUESTRA CONDICION DE “PERDICION”

No puede haber salvación en la vida de un niño, un adolescente o un adulto hasta que haya primero una conciencia y convicción del pecado. En otras palabras, hasta que no reconozcamos nuestra “perdición” a la luz de la santidad de Dios, no entenderemos completamente el regalo de salvación que Dios ofrece a través de la muerte y resurrección de Cristo.

Tomemos el caso del rey David, por ejemplo. Incluso David, el “asesino de gigantes” y “hombre según el corazón de Dios”, era muy consciente de su pecado, de su propia “perdición” y de la necesidad de la misericordia de Dios. En Salmos 51, David confesó su pecado a Dios. Recuerde, esta oración vino después de que él fue parte de una relación adúltera con Betsabé y luego asesinó a su esposo para encubrirlo. David sentía el peso de esas acciones todos los días y sabía que merecía ser juzgado. Entonces, ¿qué hizo el? David clamó a Dios para que lo perdonara, y Dios lo hizo. Dios no quitó las consecuencias de su pecado, pero su perdón hacia el fue inmediato.

No hay salvación sin primero tener una convicción del pecado y el entendimiento de que merecemos el juicio de Dios. No hay salvación hasta que reconocemos nuestra “perdición” y clamamos a Dios por misericordia. Es entonces y sólo entonces, cuando una persona comienza a entender verdaderamente la grandeza de este regalo que es el perdón de los pecados y la salvación eterna. ¿Has abrazado el regalo de ser justificado ante Dios y la seguridad de la vida eterna? Todo comienza reconociendo nuestra “perdición” y aceptando el perdón y la misericordia de Jesucristo.

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