Devoción Diaria

“Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse.” Daniel 1:8

UNA FE VALIENTE

¿Es realmente posible tener humildad cuando eres rechazado y te encuentras en desacuerdo? En la cultura contemporánea de hoy, donde los cristianos creyentes en la Biblia se están convirtiendo en una minoría, es muy fácil responder con ira o falta de respeto hacia aquellos que menosprecian o rechazan nuestra fe y valores éticos. El problema con esta actitud es que cuando los cristianos responden con ira, tienden a hacer más daño que bien a la causa de Cristo, es decir, al avance de Su reino. ¿Por qué esto es así? Porque esta actitud a menudo no muestra ningún aprecio hacia los demás -especialmente hacia los que tienen autoridad- ya que tienen una mentalidad cultural diferente.

Ahora no me malinterpreten, mostrar humildad y respeto hacia líderes que poseen diferentes creencias y valores NO significa estar de acuerdo y aceptar el status quo. Echa un vistazo a Daniel, un cautivo educado en la corte del rey de Babilonia. Cuando se enfrentó con la decisión de mezclar y descartar las enseñanzas dietéticas que Dios había dado al pueblo de Israel (ver Lev. 11 y Deut. 14) o enfrentarse al rey, Daniel eligió esto último a pesar de las circunstancias.

Sin embargo, ¿Cómo hizo frente a la autoridad de la época? Pidió permiso. Es muy humilde mostrarle respeto a este funcionario de un gobierno extranjero. Podría haberse acercado a él con arrogancia y prepotencia y haberle dicho: “Esto es lo que Dios me ha llamado a hacer”. No me importa lo que digas, ¡no lo haré!” Daniel no iba a comprometer su conciencia, pero al pedir permiso, Daniel mostró una tremenda humildad y respeto hacia la autoridad donde vivía.

En la cultura actual, cada vez más secular, ¿Cómo puedes defender tu fe con valentía y al mismo tiempo respetar el liderazgo en tu lugar de trabajo, gobierno, instituto o universidad? Pídele a Dios por la humildad, audacia y sabiduría de Daniel para saber cómo defender tu fe de una manera que genere respeto. Esta disposición pudiera abrir una puerta para compartir tu fe con alguien que nunca te hubiera escuchado antes.

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